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Mi Refugio (recurrente, reincidente e irrevocable)


"Una voz, como un sentimiento o una canción.... Algo más que me ayude a despertar.... A seguir... a no bajar la guardia... ¡Siempre a seguir! No esperés, no te enseñaré a vivir.... Y es que siempre estarás, siempre estarás en mí...................."

Cada tanto, no sé cuánto, vuelvo a refugiarme en la misma canción que encontré un día, de "causalidad", y que me dio tantas fuerzas en ese momento que creo que jamás me imaginé que me impactaría de esa forma cuando la escuché por primera vez.

Fue una de esas oportunidades en las que una se encuentra con una canción y la pasa una y otra vez... y siempre tiene algo nuevo. Siempre hay algo para descubrir. Siempre, aun cuando son las mismas palabras, no dice *lo mismo*.

"Las Cosas Tienen Movimiento" es de Spinetta, pero la conocí cantada por Elena Roger, una argentina con una voz absolutamente maravillosa que actualmente se encuentra triunfando colosalmente en Londres y / o Broadway y que hizo Evita y luego representó nada menos que a Edith Piaff. Es un Alma privilegiada, con una voz increíblemente ...... increíble. Y escucharla y verla en el video (formado por pequeños fragmentos de una obra) fue, cuando lo encontré, como reparar mi propia Alma. Fue hacer catarsis cada día, cada vez que la escuchaba y la cantaba junto a ella, y descargaba toda mi energía por medio de las palabras que representan tanto, aun cuando se tratasen de algo totalmente distinto a lo que me pudiera estar pasando. A mí me representaba. A mí me fortalecía. A mí me *enseñaba* sin que me diera cuenta. Me refugiaba en esa canción como quien se aferra a algo para seguir respirando.

Desde ese momento, decidí que el video formara parte de este blog, y es por eso que se encuentra en la barra lateral. Y cada tanto, cuando entro aquí, y necesito ese refugio, le doy "play", y la miro y la escucho cantar con esa energía, decir esas palabras con esa convicción y esa fuerza que me contagia, incluso desde el otro lado de una pantalla, desde el otro lado de un video, desde el otro lado de los años. Cada palabra me abriga, me sustenta, me conforta. Encuentro razones para lo que no comprendo; encuentro consuelo para lo que no encuentro razones; encuentro desahogo para lo que no encuentro consuelo. Y me devuelve esa esencia de música que vibra en mis células. Esa esencia que siempre fue la que me hizo ver los destellitos de luz en medio de lo que fuese. La esencia de música que me recuerda cuál es *mi* esencia. La luz de música que se hace esencia en mi Alma. La música que ilumina mi esencia. Mi luz que se hace esencial en mi ser musical.

Cada palabra de esa canción, cada nota.. vibra diferente cada vez que la escucho. Pero representa el mismo refugio al que quiero volver y al que sigo volviendo por respuestas, por preguntas, porque sí (o porque no). Y me recuerda que no debo dejar de cantar, porque cuando no canto, mi luz, mi esencia, se debilitan, comienzan a desvanecerse. Y todo esto, está dicho en esa canción. =o)


".... Como un soplo, como una lluvia... como un rayo de luna... oxigenarás mi vida hasta estallar..."


El Alma en su Laberinto ·· Hoy, refugiada... ♪ ♫♪ ♫♫♪♪

Teatro, teatro y más teatro II (fragmentos, de nuevo)

Un monólogo preciado para mí. Lo ensayé una y otra vez en el par de años que estudié teatro, hace unos cuantos... años. Y una profesora, tuvo el toupé de decirme que no tenía edad suficiente para poder interpretarlo. JA! No se trata de edades cronológicas.... no.


"Doña Rosita La Soltera o El Lenguaje de las Flores" de Federico García Lorca.

ACTO TERCERO
(...)

ROSITA (Arrodillada delante de ella [Tía].)
Me he acostumbrado a vivir muchos años fuera de mí, pensando en cosas que estaban muy lejos, y ahora que estas cosas ya no existen, sigo dando vueltas y más vueltas por un sitio frío, buscando una salida que no he de encontrar nunca. Yo lo sabía todo. Sabía que se había casado; ya se encargó un alma caritativa de decírmelo, y he estado recibiendo sus cartas con una ilusión llena de sollozos que aun a mí misma me asombraba. Si la gente no hubiera hablado; si vosotras no lo hubierais sabido; si no lo hubiera sabido nadie más que yo, sus cartas y su mentira hubieran alimentado mi ilusión como el primer año de su ausencia. Pero lo sabían todos y yo me encontraba señalada por un dedo que hacía ridícula mi modestia de prometida y daba un aire grotesco a mi abanico de soltera. Cada año que pasaba era como una prenda íntima que arrancaran de mi cuerpo. Y hoy se casa una amiga y otra y otra, y mañana tiene un hijo y crece, y viene a enseñarme sus notas de examen, y hacen casa nuevas y canciones nuevas, y yo igual, con el mismo temblor, igual; yo, lo mismo que antes, cortando el mismo clavel, viendo las mismas nubes; y un día bajo al paseo y me doy cuenta de que no conozco a nadie; muchachas y muchachos me dejan atrás porque me canso, y uno dice: "Ahí está la solterona"; y otro, hermoso, con la cabeza rizada, que comenta: "A esa ya no hay quien le clave el diente". Y yo lo oigo y no puedo gritar, sino vamos adelante, con la boca llena de veneno y con unas ganas enormes de huir, de quitarme los zapatos, de descansar y de no moverme más, nunca, de mi rincón.

TÍA
¡Hija! ¡Rosita!

ROSITA
Ya soy vieja. Ayer le oí decir al ama que todavía podía yo casarme. De ningún modo. No lo pienses. Ya perdí la esperanza de hacerlo con quien quise con toda mi sangre, con quien quise y... con quien quiero. Todo está acabado... y, sin embargo, con toda la ilusión perdida, me acuesto, y me levanto con el más terrible de los sentimientos, que es el sentimiento de tener la esperanza muerta. Quiero huir, quiero no ver, quiero quedarme serena, vacía... (¿es que no tiene derecho una pobre mujer a respirar con libertad?) Y sin embargo la esperanza me persigue, me ronda, me muerde; como un lobo moribungo que apretara sus dientes por última vez.

TÍA
¿Por qué no me hiciste caso? ¿Por qué no te casaste con otro?

ROSITA
Estaba atada, y además, ¿qué hombre vino a esta casa sincero y desbordante para procurarse mi casamiento? Ninguno.

TÍA
Tú no les hacías caso. Tú estabas encelada por un palomo ladrón.

ROSITA
Yo he sido siempre seria.

TÍA
Te has aferrado a tu idea sin ver la realidad y sin tener caridad de tu porvenir.

ROSITA
Soy como soy. Y no me puedo cambiar. Ahora lo único que me queda es mi dignidad. Lo que tengo por dentro lo guardo para mí sola.

(...)



El Alma en su Laberinto ·· Hoy, en el escenario del Laberinto, recordando viejos tiempos.

Teatro, teatro y más teatro ("fragmentos", digamos)

Tengo ganas de escribir. Pero no sé sobre qué. O mejor dicho y para variar un poquito en mi ebullición y revolución mental, no puedo ordenar todo para poder hacerlo. Entoooonnnces, y como no sé por qué me acordé de estos fragmentos de textos que son mis preferidos (o unos de mis preferidos) de teatro, que además los he actuado, pienso hacer eso: escribir aquí, citando, los fragmentos de estas obras teatrales. ¡A saber!

"Antígona Velez" de Leopoldo Marechal

(Cuadro segundo)

(...)

(Un silencio. Después ambos Coros hacen un mutis desolado, el de Hombres por la derecha, el de Mujeres por la izquierda. Desaparecidos los Coros, Antígona se yergue: pareciera que dirige sus oídos afuera, como para captar algún lamento en la noche.)

ANTÍGONA. - (Llama, contenidamente.) ¡Ignacio! (Más fuerte.) ¡Ignacio! (Escucha.) Sí, cuando era niño le tenía miedo a la oscuridad. Lo mandaban de noche a buscar en el galón estribos, riendas y bozales. ¡Y él volvía corriendo, y apretaba contra mi pecho su cabecita llena de de fantasmas! (Con amargura.) Porque han olvidado allá que Antígona Vélez ha sido también la madre de sus hermanos pequeños. Le tenía miedo a la oscuridad: ¡y me lo han acostado ahora en la noche, sin luz en su cabecera! ¡Ignacio! ¿Por qué no corre hasta el pecho de Antígona? ¡Es que no puede! ¡Le han hundido los pies en el agua negra! Pero Antígona buscará esta noche a su niño perdido, y lo hallará cuando salga la luna y le muestre dónde han puesto su almohada de sangre. Han olvidado allá que Antígona Vélez fue la madre de sus hermanitos. ¿Por qué no se levanta la luna sobre tanta maldad? ¡Ella entendería cómo una mujer no puede olvidar el peso de un niño, cuando vuelve asustado de la oscuridad, con dos estribos de plata en sus manos que tiemblan!

(Se cubre el rostro con ambas manos. Un gran silencio. Toda la escena va iluminándose con la luz de la luna que se levanta en el horizonte. Antígona, volviendo a descubrir su rostro, ve aquella luz creciente, lanza un grito de júbilo tremendo y hace un mutis volado por la izquierda)

ANTÍGONA. - ¡Ignacio! ¡Ignacio!

(Ocduridad total. Las tres Brujas, en primer plano y centro.)

BRUJA 2ª. - ¡Lo estoy viendo! ¡ Lo estoy viendo!
BRUJA 1ª. - ¿Qué ve, comadre?
BRUJA 2ª. - Un caballo de oro, cubierto de sangre hasta las patas.
BRUJA 3ª. - ¿Corre?
BRUJA 2ª. - ¡Galopa! Está galopando, como enloquecido.
BRUJA 3ª. - ¿Y de quién es la sangre?
BRUJA 2ª. - ¡De Antígona Vélez!
BRUJA 1ª. - Por eso anda ella con los ojos tan abiertos.
BRUJA 2ª. - Es que la sangre no se duerme, cuando está queriendo salir el sol.

TELÓN





El Alma en su Laberinto ·· Hoy, haciendo mutis por los pasillos del laberinto indefinidamente.