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¿Piedra, papel o tijera? *no* --MEMORIA--

A 33 años del golpe militar, el proceso de reorganización nacional y todos esos nombres que le ponen para no decir que fue lisa y llanamente un genocidio, me acordé que tenía un cuento que había escrito acerca de esto. Y precisamente, lo escribí, hace unos diez años!

Así que bueno, les comparto. Espero que les guste:




¿Piedra, papel o tijera?


Ana y yo nos reímos un montón. Ana es mi novia. Las animadoras están haciendo salir agua de la cabeza de Floppy mientras Juli le hace subir y bajar el brazo. Ahora las animadoras ponen música, a pedido mío, Los Parchís y el cassette de Carlitos Balá. Todos bailamos. Yo la agarro a Ana de la mano y corro a donde está mi mami y le pregunto:
—Má, ¿y las velitas? ¿Cuándo apagamos las velitas?
Ella me dice:
—Ahora en un ratito, Juancho. No seas impaciente. —Y la mira a Ana y le dice en voz baja a mi papá:
—Qué bonita que es Ana, ¿viste?
Pero yo la escucho igual, pero me hago el zonzo y voy de nuevo a bailar.
Cuando termina la música, se apagan las luces y todos empiezan a cantar el “… que los cumplas feliz...” y la veo entrar a mami con la torta que es una cancha de fútbol llena de jugadores de Independiente que la hizo mi abuela. Ella está por llegar. ¡Uy! Suena el timbre. Seguro que es ella. ¿Qué me irá a regalar?



El living-comedor estaba repleto de chicos y chicas que festejaban con una alegría rebosante mi cumpleaños número ocho. Ana se encontraba allí, por supuesto, siempre pegadita a mi lado. Pronto iba a apagar las velitas y, después, claro, la piñata. Mi mamá, mi querida mamá, entró, apareció como un ángel, rodeada del resplandor que irradiaban las ocho velas de la cancha de fútbol en miniatura que se había transformado en torta al caer en manos de mi abuela. Sólo faltaba ella, que seguramente estaba por llegar. Mientras pedía los tres deseos, entre el griterío controlado de mis amigos, mis compinches y Anita, sonó el timbre, un tanto violenta y bruscamente para mi gusto. Con ingenuidad, pensé que sería mi abuelita con algún preciado regalo.



“Que me regalen una bici con rueditas para no caerme pero que se las pueda sacar cuando quiera,
que mi mamá y mi papá estén siempre conmigo,
y que Ana se case conmigo”.
Y soplo las velitas con mucha fuerza y las apago todas de una vez. Y justo ahí, todos empiezan a gritar, sobre todo mi mamá y mi papá. Mi mamá llora. Mi papá grita mi nombre pero no entiendo qué lo pasa. Solamente veo a unos hombres que entran en casa con una ametralladoras espectaculares que parecen de verdad. Empujan a papi y a mami y todos los chicos gritan y corren.



Sin saber que me movió a hacerlo, o quizás sabiéndolo demasiado bien, aferré a Ana de la mano nuevamente y la arrastré hasta mi habitación con rapidez. Ellos no nos vieron y nos metimos debajo de mi cama. Yo le susurré a Ana en el oído:
—No digas nada, por las dudas.
Una sonrisa dudaba, se debatía entre aparecer o no en su boca, ya que ninguno de los dos comprendía muy bien lo que estaba sucediendo. Nos abrazamos casi instintivamente, más como un gesto de protección de uno hacia el otro que como una expresión de cariño, la cual, en ese momento, era muy probable que no encajara en el contexto.
—¿Qué hacemos? ¿Jugamos a las escondidas? ¿Hasta cuando nos vamos a quedar acá? —preguntaba Ana en una sucesión interminable de interrogantes infantiles característicos de sus casi siete años. Me recuerdo a mí mismo que, sin saber por qué, intentaba taparle la boca para que no la escuchasen. Comenzamos a jugar silenciosamente a “Piedra, papel o tijera”, tal vez conscientes de que debíamos quedarnos allí abajo hasta que ya no se oyera nada en la casa y entonces supiéramos que ya se habían ido.



Ana se ríe sin ruido y yo le hago “Ssshhhh!!!” para que se quede quieta. Todavía se oyen gritos. Oigo a Valeria, A Luciana, a César, a Mariana, a Julieta y, a mami y a papi.
—¿Qué pasa, Juancho? —me pregunta Ana. Le digo que no sé con la cabeza. Después de un rato le pregunto en voz baja:
—¿Querés jugar a “Piedra, papel o tijera”? Dale…
Ella me dice que sí con la cabeza y jugamos. Después se ven unas botas de soldado que entran a mi pieza y se quedan paradas en el medio de la pieza. Una me mira con los ojos abiertos como los ojos de huevo de la psicóloga del cole. Después se van.
Después, pasa un tiempo y ya no se oyen más gritos, pero no nos animamos a salir.
—¿Se fueron todos?
—No sé, Anín, pero mi cumple todavía no terminó… Che, ¿viste a esos tipos con ametralladoras que parecían de verdad? Seguro que los trajo papi para darme una sorpresa. Estaba re–bueno, ¿no?
Ana dice que sí con la cabeza. Justo ahí escucho la voz de la abuela que parece que estuviera llorando. ¡Por fin llegó! Se ven sus zapatos entrar a mi pieza y sigue llorando. Bah, creo…



Pensé que se los habían llevado a todos. A vos también. Estaba todo tan desordenado…; todo tirado por el piso. La torta estaba sin comer pero mojada porque parece que se le había caído gaseosa encima. Cuando fui a tu cuarto, no esperaba encontrar nada, pero no podía hacer otra cosa… ¿Quién te dice? A lo mejor sabía que estabas ahí, debajo de tu cama, con Anita. Cuando escuchaste mi voz, saliste con una sonrisa en la cara y tan contento como tu ingenuidad te lo permitía. Me preguntaste:
—Abu, ¿qué me vas a regalar? ¿Viste la sorpresa de papi, la de los hombres de ametralladoras que parecían de verdad? ¿No estuvo re–bueno?
Yo te miré y no pude evitar abrazarte fuerte, tan fuerte como mis brazos cansados me lo permitiesen. A vos y a Anita.
Luego te llevé al comedor y te sorprendiste al no ver a nadie.
—Pero…si todavía no terminó mi cumple… Falta cortar la torta, y la piñata, y el juego del paquete, y…
Me miraste como preguntándome. Y Anita también me miró, con esos ojos enormes de ella. Me parece que ella estaba un poco más asustada que vos.
—¿Y mami y papi? —me preguntaste, y yo no tuve palabras para contarte lo que pasaba, lo que había pasado, lo que iba a pasar. Solamente te abracé, a vos y a Anita. Ella miró los globos reventados en el piso y en las paredes, y se puso a llorar. Vos la miraste y te diste cuenta de lo que le pasaba, y le dijiste: —Dale, Anín, después te doy todos los globos que quieras, si total tenemos más…



E impulsivamente abracé a Ana y miré a mi abuela por cuyas mejillas no dejaban de caer lágrimas de impotencia. Un poco más tarde descubrí que mi abuela me había comprado una bicicleta nueva, de color rojo, con rueditas que se ponían y se sacaban. Mi primer deseo de cumpleaños se había cumplido.
Desde ese día viví con mi abuela; al principio, sin comprender por qué y luego odiando el poder entenderlo. Mi papá y mi mamá siguen estando conmigo siempre; él sacándome las fotos del cumple y ella con la torta iluminada en sus manos. El segundo deseo también se cumplió. Mi esposa, veinte años después, dice que tuvimos suerte: la suerte de ser principiantes en la vida y de no haber sabido lo que pasaba y, por supuesto, la suerte de que el tercer deseo también se cumpliera.



Domingo 28 de marzo de 1999
Copyright © El Alma en su Laberinto.




El Alma en su Laberinto ·· Hoy, sin olvidar.

Te vi, te vi, te vi.....

Te vi. Observé cada uno de tus movimientos desde el inicio. Te vi jugar con tu zoológico con esas cercas verdes. Te vi jugar con tus muñequitos y muñecas perfectos e imperfectas en la luz y en la oscuridad .... Te vi. Te vi el día que saltaste hasta el Cielo y fuiste "sensación". Te vi en tus obras de teatro, en inglés. Te vi llevar la bandera, orgullosa. Te vi como la bizarra. Te vi como la nena avergonzada, que lejos de ser como las demás, soportaba, aguantaba hasta el último minuto, era vencida y cuando se animó, tampoco ganó. Te vi.... pobrecita, te vi. Te vi cuando fuiste un hada... y tu estrella no fue "así nomás", sino una estrella especial, una estrella artesana producto de la noche, de manos amorosas. Y después, cuánto duró la estrella... Te vi en tus humillaciones, en tus momentos de gloria. Te vi.


Te vi cuando entraste en tercer puesto. Te vi cuando no sabías qué hacer el primer día. Te vi cuando ella se fue a España y te quedaste con lo que pudiste, y nunca fue suficiente. Y ella se perdió. Y no va a volver. Te vi cuando empezaron las peores cosas. Te vi cuando empezó una catástrofe peor que la otra. Cuando el niño de la meningitis y cuando la anciana con el corazón débil. Te vi cuando el desconocido conocido apareció en la calle y cuando no pudiste conocerlo nuevamente. Y te vi y te observé cuando murió definitivamente. Te vi cuando tu mundo empezó a desmoronarse, cuando empezaste a perder la razón en este mundo de locos que se hacen pasar por cuerdos y vos dijiste basta. Y decidiste que no querías ser más una de las que fingen. Te vi cuando no pudiste fingir más y cuando todo se vino sobre tus espaldas. Te vi y estaba ahí cuando uno por rutina, pasó, cuando otra por su corazón, pasó. Te vi cuando no quisiste verlos pasar, cuando te repetías que no sucedía incluso cuando no eras consciente de esa repetición. Te vi cuando la madre de Ella, tampoco quiso seguir, y eligió pasar. Y te mintieron. Y te vi cuando te diste cuenta porque no te pueden mentir. Yo te vi y lo sé, pero parece que yo te conozco más de sólo verte que los demás de tratarte y hablar.

Te vi en ese último año, con el halo de la princesa de las mareas, de los sueños, de las pesadillas. Te vi con tus sueños alterados, con tu mente inquieta, en otro lado. Te vi con la sangre en los pensamientos, con las heridas abiertas que lejos de sanar, se abrían cada vez más. Te vi y no supe qué hacer porque me apartabas cada vez más. Te vi hacer juramentos imposibles de sostener, te vi hacer intentos vanos por manejar lo inmanejable. Te vi repetir innumerables veces lo innumerable y te vi memorizar cosas terrenalmente inmemorizables. Pero te vi. Y si me lo contaran, no lo creería. Pero como te vi, lo creo. Te vi vagabundear de un lado a otro, por pura inercia, por mera curiosidad, pero increíble franqueza, por tonta sagacidad, por plena depresión o manía... o ambas. Te vi escribir.... en todos lados. Te vi pedir... Te vi hacer, te vi deshacer y volver a hacer lo deshecho. Te vi planear lo inimaginable y nunca pensar lo simple. Y te vi caer. Y retorcerte. Y te vi morir y resurgir y volver a morir. Te vi yacer, descalza, sin razón ni cordura. Te vi desfallecer. Te vi simplemente dejarte ser, dejarte dejar de existir. Te vi querer morir.

Y te vi resurgir. Como el Fénix.

Alma en su Laberinto ·· Hoy, mirando a quien me mira.

Teatro, teatro y más teatro II (fragmentos, de nuevo)

Un monólogo preciado para mí. Lo ensayé una y otra vez en el par de años que estudié teatro, hace unos cuantos... años. Y una profesora, tuvo el toupé de decirme que no tenía edad suficiente para poder interpretarlo. JA! No se trata de edades cronológicas.... no.


"Doña Rosita La Soltera o El Lenguaje de las Flores" de Federico García Lorca.

ACTO TERCERO
(...)

ROSITA (Arrodillada delante de ella [Tía].)
Me he acostumbrado a vivir muchos años fuera de mí, pensando en cosas que estaban muy lejos, y ahora que estas cosas ya no existen, sigo dando vueltas y más vueltas por un sitio frío, buscando una salida que no he de encontrar nunca. Yo lo sabía todo. Sabía que se había casado; ya se encargó un alma caritativa de decírmelo, y he estado recibiendo sus cartas con una ilusión llena de sollozos que aun a mí misma me asombraba. Si la gente no hubiera hablado; si vosotras no lo hubierais sabido; si no lo hubiera sabido nadie más que yo, sus cartas y su mentira hubieran alimentado mi ilusión como el primer año de su ausencia. Pero lo sabían todos y yo me encontraba señalada por un dedo que hacía ridícula mi modestia de prometida y daba un aire grotesco a mi abanico de soltera. Cada año que pasaba era como una prenda íntima que arrancaran de mi cuerpo. Y hoy se casa una amiga y otra y otra, y mañana tiene un hijo y crece, y viene a enseñarme sus notas de examen, y hacen casa nuevas y canciones nuevas, y yo igual, con el mismo temblor, igual; yo, lo mismo que antes, cortando el mismo clavel, viendo las mismas nubes; y un día bajo al paseo y me doy cuenta de que no conozco a nadie; muchachas y muchachos me dejan atrás porque me canso, y uno dice: "Ahí está la solterona"; y otro, hermoso, con la cabeza rizada, que comenta: "A esa ya no hay quien le clave el diente". Y yo lo oigo y no puedo gritar, sino vamos adelante, con la boca llena de veneno y con unas ganas enormes de huir, de quitarme los zapatos, de descansar y de no moverme más, nunca, de mi rincón.

TÍA
¡Hija! ¡Rosita!

ROSITA
Ya soy vieja. Ayer le oí decir al ama que todavía podía yo casarme. De ningún modo. No lo pienses. Ya perdí la esperanza de hacerlo con quien quise con toda mi sangre, con quien quise y... con quien quiero. Todo está acabado... y, sin embargo, con toda la ilusión perdida, me acuesto, y me levanto con el más terrible de los sentimientos, que es el sentimiento de tener la esperanza muerta. Quiero huir, quiero no ver, quiero quedarme serena, vacía... (¿es que no tiene derecho una pobre mujer a respirar con libertad?) Y sin embargo la esperanza me persigue, me ronda, me muerde; como un lobo moribungo que apretara sus dientes por última vez.

TÍA
¿Por qué no me hiciste caso? ¿Por qué no te casaste con otro?

ROSITA
Estaba atada, y además, ¿qué hombre vino a esta casa sincero y desbordante para procurarse mi casamiento? Ninguno.

TÍA
Tú no les hacías caso. Tú estabas encelada por un palomo ladrón.

ROSITA
Yo he sido siempre seria.

TÍA
Te has aferrado a tu idea sin ver la realidad y sin tener caridad de tu porvenir.

ROSITA
Soy como soy. Y no me puedo cambiar. Ahora lo único que me queda es mi dignidad. Lo que tengo por dentro lo guardo para mí sola.

(...)



El Alma en su Laberinto ·· Hoy, en el escenario del Laberinto, recordando viejos tiempos.

Teatro, teatro y más teatro ("fragmentos", digamos)

Tengo ganas de escribir. Pero no sé sobre qué. O mejor dicho y para variar un poquito en mi ebullición y revolución mental, no puedo ordenar todo para poder hacerlo. Entoooonnnces, y como no sé por qué me acordé de estos fragmentos de textos que son mis preferidos (o unos de mis preferidos) de teatro, que además los he actuado, pienso hacer eso: escribir aquí, citando, los fragmentos de estas obras teatrales. ¡A saber!

"Antígona Velez" de Leopoldo Marechal

(Cuadro segundo)

(...)

(Un silencio. Después ambos Coros hacen un mutis desolado, el de Hombres por la derecha, el de Mujeres por la izquierda. Desaparecidos los Coros, Antígona se yergue: pareciera que dirige sus oídos afuera, como para captar algún lamento en la noche.)

ANTÍGONA. - (Llama, contenidamente.) ¡Ignacio! (Más fuerte.) ¡Ignacio! (Escucha.) Sí, cuando era niño le tenía miedo a la oscuridad. Lo mandaban de noche a buscar en el galón estribos, riendas y bozales. ¡Y él volvía corriendo, y apretaba contra mi pecho su cabecita llena de de fantasmas! (Con amargura.) Porque han olvidado allá que Antígona Vélez ha sido también la madre de sus hermanos pequeños. Le tenía miedo a la oscuridad: ¡y me lo han acostado ahora en la noche, sin luz en su cabecera! ¡Ignacio! ¿Por qué no corre hasta el pecho de Antígona? ¡Es que no puede! ¡Le han hundido los pies en el agua negra! Pero Antígona buscará esta noche a su niño perdido, y lo hallará cuando salga la luna y le muestre dónde han puesto su almohada de sangre. Han olvidado allá que Antígona Vélez fue la madre de sus hermanitos. ¿Por qué no se levanta la luna sobre tanta maldad? ¡Ella entendería cómo una mujer no puede olvidar el peso de un niño, cuando vuelve asustado de la oscuridad, con dos estribos de plata en sus manos que tiemblan!

(Se cubre el rostro con ambas manos. Un gran silencio. Toda la escena va iluminándose con la luz de la luna que se levanta en el horizonte. Antígona, volviendo a descubrir su rostro, ve aquella luz creciente, lanza un grito de júbilo tremendo y hace un mutis volado por la izquierda)

ANTÍGONA. - ¡Ignacio! ¡Ignacio!

(Ocduridad total. Las tres Brujas, en primer plano y centro.)

BRUJA 2ª. - ¡Lo estoy viendo! ¡ Lo estoy viendo!
BRUJA 1ª. - ¿Qué ve, comadre?
BRUJA 2ª. - Un caballo de oro, cubierto de sangre hasta las patas.
BRUJA 3ª. - ¿Corre?
BRUJA 2ª. - ¡Galopa! Está galopando, como enloquecido.
BRUJA 3ª. - ¿Y de quién es la sangre?
BRUJA 2ª. - ¡De Antígona Vélez!
BRUJA 1ª. - Por eso anda ella con los ojos tan abiertos.
BRUJA 2ª. - Es que la sangre no se duerme, cuando está queriendo salir el sol.

TELÓN





El Alma en su Laberinto ·· Hoy, haciendo mutis por los pasillos del laberinto indefinidamente.

Hoy... Reiki, Nivel II y mis palomas!!

Hace 2 años y algo decidí hacer el Nivel I de reiki. Antes de elegir una escuela donde hacerlo di muchas vueltas. Pregunté a quienes sabía que habían hecho los cursos/seminarios, busqué en internet, pero por una u otra cosa, no me convencían. Llamaba y no me gustaba cómo me atendían. Entraba a la página recomendada y no me gustaba cómo se veía, o que me hablasen de dios o de un dios cuando ya sabía que no se trata de religión alguna. Había leído, me había informado para encontrar una *buena* escuela. Y creo que la encontré en su momento. Por lo menos mi experiencia fue *MUY* buena con mi maestra Gloria.

Salí del Nivel I y por supuesto ya quería hacer el Nivel II!! Como mis compañeras... ja.. Como todo el mundo!! Por una cosa u otra... porque en esa escuela no había cursos disponibles y porque no tenía plata, lo fui posponiendo y se fue prolongando el período de espera.

Por una cosa u otra, después no "podía gastar plata", no tenía plata, y así pasaron 2 años. Hasta que TODA mi vida cambió y decidí, no sólo retomar canto que había tenido que suspender, sino que además, como "plus", al día siguiente (o sea hoy, viernes) hacer el Nivel II de Reiki. ¡Tomá mate!

No fue en la misma escuela, pero al igual que la primera vez, la busqué mucho, y al igual que la primera vez, no me equivoqué. Debo acotar que todas las escuelas de reiki parecen quedar lejos (digamos, de las zonas céntricas como Palermo, por ejemplo) y no sé por qué. Pero no importa. Lo vale. Y mi Maestro Adalberto es un ser realmente extraordinario también. Y el Reiki no deja de sorprenderme. Por las cosas que siento, que aprendo... que "veo"....

Volví, con 35º centígrados a las 6 de la tarde con certificado, manual y un CD con música para mis sesiones (chocha, ¿hay que aclarar?), y como decidí hacer un camino diferente y crucé por el parque, me encontré con unos chicuelos dándole maíz a las palomas. (Pensamiento aparte: ¿¿¿¿por qué me da tanta bronca que los niños pequeños tengas esa tendencia cuasi asesina de querer atraer y a la vez asustar a las palomas corriéndolas, amagando de pisarlas, y todo tipo de truquillos con ese mismo fin????) Decía, que encontré unos niños adorables alimentando a las palomas. Y, por un instante, volví a MI niñez cuando alimentaba a las palomas con maiz, y oh! delicioso descubrimiento! el señor del carrito tenía bolsitas con maiz. =D $1 una bolsa con una cantidad bastante considerable. (¿¿Creían que no iba a comprar??)

Miro que los niños ya habían dejado de darles, y procedo al verde cesped (un poco de pasto que había) a darles a las palomas, que ya sabían por el ruidito y se aproximaban, el preciado alimento dorado. Me arrodillo y las bellezas aladas se pisaban unas a las otras para comer de mi mano. Y, ¿a qué no saben qué sucede en ese momento? ...... No uno, sino DOS niños (los mismos dos de antes) vienen a ver a MIS palomas (ahora era MíAS) y me las empiezan a espantar. Ok, tengo que aclarar que tengo mucha paciencia con los chicos. De hecho enseñé inglés en un segundo grado en el que la mitad era chicos con problemas, pero NO tolero que me espanten a las palomas con esas bol··eces de amagar a patearlas y así. Les digo amablemente que por favor no las espanten. Dos veces. Me dicen que SSSIIIIIIIIII, las espantaaamoooossssssss!!! *levanto una ceja* Y en eso oigo a la madre que los llama, y les dice que no hagan eso. Y ahí pienso que sí, que existen madres que educan a sus hijos muy a pesar del instinto que pueda surgir del niño en cuestión. Procedo.

Agarro más maíz y recuerdo un truco que hice en una plaza de Montevideo, Uruguay, una vez cuando fui de vacaciones. Algo que tengo registrado en foto, y que nos lo enseñó una señora, creo que parecía darle seguido a las palomas. Me agacho un poco pero no toco el piso... y dejo que las palomas sientan que pueden posarse en mi mano, en mi brazo y comer ahí, con el brazo extendido, en el aire. Cuando se dieron cuenta (ellas y yo) debía tener 5 o 6 palomas en todo el brazo... que se subían una encima de la otra para comer de mi mano. Mientras, por supuesto, dejaba caer un poco para las de abajo. La verdad, no sé cuánto tiempo estuve alimentando así a mis amigas emplumadas, pero hacía rato que no disfrutaba de un momento de tanta felicidad y pureza. En medio de las palomas en mi brazo, oigo a uno de los niños: "Faaaaa!! Mirá! Magia!!" Y veo un hombre con un cochecito y un bebé que pasan despacito y me miran. Las dos señoras mayores que estaban sentadas al lado del señor que vendía el maíz, se hicieron una panzada con el espectáculo. Para mí, fue parte de mi día de Reiki. Energía Vital del Universo. Adoro a las palomas. Creo que ellas lo saben.

El Alma en su Laberinto ·· Hoy, mitad paloma, mitad humana-con-reiki-de-nivel-II

¿¿¿¿Qué es el Amor???? (Eh?!)

Esto surgió de la pregunta: ¿Qué es el Amor? Bueno, para mí, el Amor es esto:

Incondicional. Para todos y todo sin excepción. Adictivo (!) y sin efectos colaterales, secundarios ni adversas. (ya sé, paradójico).

Antes de encontrar a mi Compañera, a Mi Amor, pensaba exactamente lo mismo (nada más que ahora experimento otra faceta MÁS del amor!! Dichosa de mí!!!). Creo que es posible amar incondicionalmente pero que muchas veces este concepto no se comprende bien del todo. Amar incondicionalmente no significa amar a alguien no importa lo que esa persona me haga. Que me hagan de todo y seguir bancándome todo y por eso soy una santa porque amo incondicionalmente. Eso NO es amor incondicional.

Amar incondicionalmente es el amor que uno puede sentir hacia los animales (o el amor que los animales sienten! Lo mencionaron antes). Es simplemente amar sin esperar nada como "devolución" por ese hecho. ¿Por qué deberíamos esperar que la gente nos dé algo por amar? Sí, hay gente, como siempre sucede, que esperará que le den cosas por todo, y esperará que le den algo a cambio de amor. Pero el acto de "amor incondicional" es un acto que no se basa en el ego. Es simplemente dar algo que no necesita siquiera dinero, ni recursos; sólo buscar dentro de cada uno, porque allí está, solamente hay que buscar.

-Amor incondicional es no ignorar a los pobres, aún cuando no les puedas dar nada y te sientas mal por eso (hablo desde mí, mi experiencia)

-Amor incondicional es sonreírle a los animales vagabundos (aun cuando te dicen mil veces que NO lo hagas porque se te van a pegar y te van a seguir), solamente para que sientan el amor de una mirada. (y no me siguen)

-Amor incondicional es darle lo que te queda de gaseosa en el vaso/ botella a un nene que te lo pide, y escuchás lo que te pide en lugar de decir "no, no tengo".

-Amor incondicional es estar al lado de tus amigos en las malas Y en las buenas (con otras personas hemos desarrollado la hipótesis de que en general los amigos se ven en las buenas, porque es fácil compadecerte, pero no es fácil alegrarte sinceramente de alguien y no sentir envidia).

-Amor incondicional es quedarte del otro lado del teléfono aunque sea en silencio, sólo porque el otro necesita escuchar alguien respirar.

-Amor incondicional es que cuando superás algo que te hizo sufrir mucho, y fuiste discriminada, no discrimines ni te olvides, sino que luches y hagas lo posible para que las personas que siguen en tu situación mejoren como vos.

-Amor incondicional es acción, pero acción no necesariamente son panfletos, bombos, ruido y manifestaciones. Acción puede ser tan simple como un beso, una sonrisa o una mirada que no se baja y se sostiene para que el otro se sienta digno.

-Amor incondicional es Respeto.

Cuando pude empezar a incorporar todo esto, esto desplazó al odio que tenía adentro... o lo sanó, vaya uno a saber..


El Alma en su Laberinto ·· Hoy, con la Luna al cuello y feliz =)